martes, 4 de enero de 2011

¡¡BARCO!!

José Ignacio Cabrujas
(El mundo según Cabrujas)


Puesto que me llamo Cabrujas que al fin y al cabo viene de catalanes en ruina, y no Guapuriche ni Camaguana corno suelen llamarse los descendientes de la tribu arawaca, me quedaría muy mal a estas alturas ponerme a despotricar de la hispanidad original y de la conquista de América narrada como un acto imperialista y bochornoso. Por el contrario, en mi vida he elogiado excesivamente el pozole ni los anticuchos limeños ni los chilaquiles ni el casabe como sustituto del trigo, tal vez porque mis parientes estaban en ese ajo de la rapiña, las venas abiertas y bien pudo haber sido algún Cabrujas, de los renacentistas que se llevaron a España no sólo las pepitas o las naturalezas de Cubagua sino hasta el tobo de la basura y media docena de huevos de caimán para hacer asombro en Barcelona. Por lo tanto no es del caso escupir hacia arriba ni convocar el 12 de octubre, a un día de luto, de humillación nativa, como propone Fidel Castro a quien por lo visto se le olvida el lacón con grelos, o algunos resentidos de la Escuela de Sociología de la Universidad Central.
Pero esto de llamar, «encuentro de dos mundos» o «de dos culturas» a lo que mi maestra de primer grado, definía simple y francamente como descubrimiento y conquista, me parece una soberana idiotez o una joda divertida, a poco que uno piensa que ese «encuentro» no se ve ni existe por ninguna parte en la historia del continente, con la probable excepción de las misiones jesuitas en el Paraguay ni puede denominarse con semejante eufemismo la conducta de los marineros de la Santa María en 1492 ó la interpretación que tenía de la propiedad privada un desalmado como don Alonso de Bobadilla, a quien el diablo continúe asando en la sexta paila por petulante y mala persona.
Aquí, cinco siglos atrás, en lugar de «encuentro», una palabra que alberga acuerdo y entendimiento entre personas que se respetan, hubo topetazo, hubo zambombazo y sopapo, zurra o disciplinazo y si se desea un nombre bonito, para llenamos la boca en Madrid cuando nos fajemos a hablar de la herencia y la síntesis y la monserga, deberíamos bautizar estas ceremonias con el nombre de «el cozaño de cultura y cuarto», mucho más legítimo y sobre todo, mucho más exacto a la hora de describir los sucesos de Rodrigo de Triana y sus herederos, a bordo de la carabela, cuando abrió los ojos en la madrugada y vio cocoteros.
Porque ahora nos está dando por recordar los quinientos años de semejante expropiación igual que si estuviéramos conmemorando el aniversario de un simposio artístico o de una educada reunión de ministros de Cultura dispuestos a intercambiar experiencias y detalles de tú con tú. La desgracia es que con Guanahaní no nos basta y por el contrario queremos que se nos descubra y se nos siga anunciando hasta el infinito, como una maldición genética, para ver si por fin un alma piadosa en el mundo se da cuenta de que existimos no solo como bípedos naturales, sino como consumidores de guacamole, como degustadores de chupe, como gente que hierve maíz y recita lo de la princesa triste y baila la cueca o el chipato salteño.
Juro que no tengo el menor resentimiento al escribirlo y aspiro a que no se tome como queja ante lo sucedido, en primer lugar porque las cuentas históricas caducan a los cien años so pena de volverse fanatismos y en segundo, porque mi pasado, mi existencia y mis deseos, venían en esa carabela, popa o proa, junto con los míos, porque soy extranjero ante los waraos y no los entiendo ni me arrebata la inocencia yanomami ni quiero convertir a los goajiros en el Safari Carabobo, como algunos antropólogos culturales.
Pero aquí no hemos terminado la etapa de exhibirnos y sentirnos raros, aquí todavía nos seguimos describiendo tal vez porque es la única manera de entendernos, aquí estamos deseosos y desesperados de que vuelvan de nuevo a descubrimos y en ese sentido los cuatro viajes del Almirante y los tres armatostes con los que zarpó desde Palos nos parecen en el fondo muy poca cosa si se les compara con las nuevas expectativas y el PSOE y el Mercado Común Europeo. Siempre han hecho falta más viajes y más asombros y más chigüires, a ver si remontamos el universo y los alemanes terminan por percatarse.
Porque después de todo, somos el único pueblo del planeta al que le sucedió tamaño dislate. Ciertamente Cook, en el siglo XVIII le echó un vistazo a Tahití y a Nueva Zelanda en nombre de la corona británica, pero los ingleses no consideran tan elevadas esas excursiones como para decretarlas día nacional ni hacerle homenaje a los maoríes. Las únicas personas que han sido descubiertas, realmente descubiertas en el sentido de destapadas, de sorprendidas, de pilladas, de reveladas, somos los sudamericanos y muy especialmente los venezolanos por nuestra condición de país norteño y playero. A nadie más lo han descubierto en este mundo, sino a nosotros por desprevenidos y pendejos. Marco Polo, no «descubrió» China, Marco Polo, visitó China, que es una cosa muy distinta. España, cuando era Iberia y hablaban a lo bestia, no fue descubierta por Roma. Fue conquistada por Roma, ultrajada por Roma, aplanada por Roma, pero no andaban Nerón o Tiberio jactándose de que los suyos habían «descubierto» a los españoles, que eran unos atrasados; ni mucho menos se le ocurriría decir a Andreotti, que los de Valladolid tienen un idioma, porque los romanos fueron y les enseñaron a decir papá en latín. Nadie descubrió a España. Nadie descubrió la India ni el África. Pero a nosotros sí. Y no sólo nos descubrieron, lo cual es ya bastante inri y da hasta pena, sino que encima de eso, se sabe que nos descubrieron prácticamente in franganti, un 12 de octubre de 1492, a las 6 y 45 de la mañana, cuando el de Triana nos cazó movidos en la segunda y cantó ¡Tierra! Antes no existíamos, que se sepa. El 8 de marzo de 1492, no existíamos como se dice ni para un remedio. El 26 de septiembre nadie sabía de nosotros ni es posible intuir lo que nos estaba sucediendo, que algo nos tendría que haber estado sucediendo. Es más, el 12 de octubre de 1492, a las cinco de la mañana, andábamos de lo más anónimos y sin historia ni cuento, hasta que tres cuartos de hora más tarde, nos ve el hombre en la canasta del mástil y se le ocurre decir con actitud nominalista: ¡Tierra!, porque de eso se trataba y de más nada. ¡Tierra! Ni siquiera un saludo, una cortesía del tipo, ¿qué tal amerindios?, ¿cómo andáis? ¡Aquí, hemos venido a visitaros y a ver vuestras guacamayas y a compartir vuestras chichas y vuestros mameyes!
Nada. ¡Tierra!
Uno tiene el derecho y hasta la imposible obligación de pensar que el Guapuriche de la playa, es decir, aquel aborigen que a lo mejor montaba guardia sobre alguna elevación de la arena, ha podido decir algo, ha podido gritar ¡Barco!, a fin de crear un dialoguillo con los andaluces. Pero la historia que contamos se narra de un solo lado, se escribe a bordo aunque se esté en tierra, y relata una visión unilateral que excluye, y no podía ser de otra manera, los días de los descubiertos, por incomprensibles, por carecer de norma y representatividad.
¿Podemos llamar a esto, el encuentro de dos mundos? Sólo por buena educación y en el ánimo de no andar recordando a Bobadilla.
Se dirá que pasado el asombro, si es que hubo asombro, porque a Colón se le nota de lo más natural en su diario, cuando relata lo buena gente que eran aquellos indios, hombres como Hernán Cortés admiraron las edificaciones aztecas y algunas que otras piedritas de colores. Ciertamente uno se imagina a Cortés sorprendido, y diciendo ¡joder! ante el piedrero de Teotihuacán, o a Pizarro que era más bruto, asombrado al contemplar las murallas del Cuzco. Pero de allí a un encuentro, a tú me das y yo te doy, hay mucha diferencia, porque si a ver vamos, yo estuve hace años con Román Chalbaud en Persépolis que es el Perú más lejos al que he llegado, y a ninguno de los dos, nos dio por encontrarnos ni por nada cultural con los iraníes. Viendo aquellos leones alados y aquellas inmensas cavidades practicadas sobre peñascos colosales, como no entendíamos nada de lo que estábamos presenciando, nos limitamos a exclamar ¡carajo!, que es nuestra versión de la guarrada de Cortés en Teotihuacán. Si eso es un encuentro cultural, entonces los elefantes abrevan en el río Guaire y el versito de Schiller en la Novena Sinfonía de Beethoven, todo un acierto.
A mí me parece que estas cosas las estamos haciendo para que Felipe González no se sienta culpable de algo de que el pobrecillo no tiene la culpa o para que el rey Juan Carlos nos visite a gusto y sin temor a una demanda de Guapuriche por daños y perjuicios étnicos. De lo contrario no le encuentro la razón, sobre todo si se toma en cuenta que no eran del CONAC español los tripulantes que desembarcaron en Guanahaní, o los pandilleros que se adentraron por la desembocadura del Orinoco, sino gente que tan pronto le vieron cara de bolsas a los nativos, que debieron tenerla hasta más no poder, decidieron que había llegado el ofertón del mes y que podían cambiar vidrios por saquitos de perlas o calzoncillos tiesos por monerías de oro, haciéndose los desinteresados.
Pero a medida que nos acercamos a los festejos y como últimamente andamos de lo más menguados, puesto que en Latinoamérica de tanto que nos ignoran hasta el imperialismo se ha acabado, empieza a invadimos el sueño del neodescubrimiento, la necesidad de que esa carabela vuelva a asomarse en el Mar Caribe, frente a cualquier playita costera. Y así, en la municipalidad donde me muevo, no conozco a nadie que no tenga un proyecto para 1992. Aquí, en el teatro, nos vamos a vestir de guahíbos desde enero hasta diciembre del próximo año, para terror de las costureras. Aquí se nos va a ir una fortuna en pelucas y toisones y gorgueras y calzas y dobladillos y majadericos, crespines y almenillas. Importar plumas a Venezuela, es, en este momento, un negocio que ríete de las parabólicas caseras o de la repontenciación de las carabinas, porque nuestros actores se aprestan al plumaje como tucanes pichones saliendo del nido. Yo presiento un año terrible de churriguerescos y góticos flamígeros y románicos y barrocos y platerescos, un año mudéjar y celtohispánico como jamás se vio en toda la historia. Aquí, el que no afine las ces en este encuentro bicultural, está perdido y sin rumbo. Me consta que hay por lo menos seis telenovelas en ciernes, donde se narra la historia de unos enamorados hispánicos que el franquismo arroja en 1947 a las costas de Venezuela y que sufren lo indecible durante la dictadura de Pérez Jiménez, sin referirme a innumerables versiones de la vida de Lope de Aguirre, de la historia de Francisco Fajardo y su madre, de Diego de Losada y de Garci González de Silva, y quién sabe si todo un ballet dedicado al cacique Guaicamacuare. Si es en materia de música, más de un Haendel nacional debe estar escribiendo La Cantata del Descubrimiento o el Oratorio Profano, Gutiérrez de la Peña en Macarapana, o La Dama de Quíbor, por no hablar de sonatinas, gavotas, tientos, diferencias y modos y homenajes a Soler o al padre Victoria o a Scarlatti ya no por italiano sino por adulante del rey de España.
Quien se va a quedar por ese camino un tanto opaco en el 92 es el Padre de la Patria, porque no está el aire como para estar recordando tanta independencia y tanto 1813.
Se dirá que cumplir quinientos años sigue siendo algo en la vida y contra ese argumento no tengo nada que alegar. Pero si uno rebusca en los libros, encontrará después de cierta paciencia que hay otras cosas que cumplen quinientos años en 1992, entre ellas el cepillo de dientes, tan importante, si a ver vamos, como el Descubrimiento de América. No se trata de ignorar la fecha ni de que se le impida a alguien disfrazarse de Colón y poner el pie en Macuto para que la gente vea y comente, pero aplazamos durante todo un año, suspendemos culturalmente en una temática de adelantados y frailes, dilucidar como vigoroso ejercicio intelectual si volvemos a adoptar el nombre de Hispanoamérica, en sustitución del más cosmopolita, Latinoamérica, homenajear a Bartolomé de las Casas por buena gente y pulir las bolas de hierro del Castillo de Puerto Cabello, es algo que no podemos permitimos, so pena de que vamos a llegar a ese octubre con una depresión que no te cuento.
Caricatura de Pedro León Zapata en El Nacional el domingo 9 de agosto de 1998, p. A-4
De todas maneras, y como la calamidad es irremediable, me permito sugerir algunas prohibiciones, algunas vedas que deberíamos poner en marcha, a fin de que el asunto nos sea leve.
Queda terminantemente prohibida la expresión «crisol de razas», para referirse al mestizaje nacional.
Le cae la maldición de la tiña, al que intente analizar cuáles fueron los aportes del negro, del indio y del español en la constitución del pueblo venezolano.
Idem con los portugueses.
Será sometido a escarnio público quien defina en 1992 a la hallaca como un plato demostrativo del proceso de integración cultural.
Ningún titular de la prensa, ningún espectáculo, ni ninguna declaración deberá usar el nombre de «tierra de gracia», para referirse a Venezuela.
Se limita a un máximo de tres por espectáculo, el número de guayucos que podrán ser contemplados en los escenarios del país.
Se declara el año de 1992, como año de veda del madroño.
Se le exige al ciudadano presidente de la República no referirse en ninguno de sus discursos a la Carta de Jamaica de Simón Bolívar.
Se conmina al profesor Díaz Seijas a no escribir ningún artículo sobre la Leyenda Negra y la Leyenda Dorada, no vaya a echarse a perder el sismógrafo.
No quiero ver a Cristóbal Colón, vestido de sota en el Teresa Carreño.
Y tal vez así, nos sea leve.

viernes, 17 de diciembre de 2010

RECUERDO TRISTE DE UN PASADO ALEGRE

Primera misa de aguinaldo. Escuché en la Voz de Turmero a unos jóvenes que emocionados que invitaban al acto. Habría vigilancia policial, la calle estaría libre y la Alcaldesa tenía interés en recuperar estas tradiciones. Muchos de mis conocidos se preguntarán ¿Y qué va a hacer este vejete a una misa de aguinaldo si no cree en Dios? Realmente, si viviésemos en el siglo ante pasado yo creo que estaría excomulgado y en el siglo XV me hubiesen achicharrado en una hoguera inquisitoria. Pero me gustan estas tradiciones. Me encanta una procesión y pararme al lado de los músicos para escuchar el trombón o ver a Aurelio Liendo tocando el clarinete ¿O es el saxofón? Ya se me olvidó.
Emocionado me levanté temprano y medio patuleco, acompañando a mis hijas y a una nieta me fui para la iglesia. La calle por donde transitaba estaba en semipenumbras, alumbrada por unas luminarias que más bien parecen velas. En la esquina de la Bolívar con la Ribas los eviternos borrachitos iniciaban su consumo de licor. Una señora estaba casi paralizada ante ese espectáculo y no se atrevía a continuar hasta que le dije que no temiese a esas personas, generalmente pacíficas. Ya al llegar a la plaza comenzó mi desilusión. Casi vacía la calle. El maracucho de siempre con sus termos de café y su delicioso fororo, una vendedora de café y Rosendo preparando sus periódicos. Me dije…bueno, las arepitas dulces serán para después de la misa. Entré a la iglesia. Casi vacía. Para arriba y para abajo caminaba Yolanda Daboín comentando que los músicos no habían llegado y “que como va a haber misa de aguinaldo sin aguinalderos” mientras Juan José, arrodillado musitaba una oración. Ya estaba próxima las 6 de la mañana cuando el Padre Bernardo comenzó el rito. Trató de alentar a los asistentes pidiéndoles una repuesta a sus buenos días con más entusiasmo. Tras sus palabras, el conjunto, ya casi completo arrancó con el aguinaldo “Corre Caballito” y poco a poco se fue desarrollando la ceremonia. Empezaban a llegar personas y al final de la misa estaban llenos los bancos pero muy pocos permanecían de pié, lo que me hace pensar que no habían más de trescientos asistentes. Los invitados de ese día era las escuelas locales y realmente la asistencia de las mismas fue un rotundo fracaso. La cantidad de alumnos y representantes pertenecientes a esos colegios hubiesen bastado para llenar la iglesia y ocupar la calle. Allí faltaban, además de los antes citados, la propia Alcaldesa, los miembros de la Cámara Municipal y lo que denominan “las fuerzas vivas” de la ciudad. Comenzó la gente a salir del templo. Una banda musical les esperaba. Escuché un par de interpretaciones y comencé mi ¡tour” para comerme alguna arepita dulce con su correspondiente chocolatico. Nada de eso. Un joven parado en la acera vendía café negro y con leche, mientras en una cava de anime supongo que tenía unas empanadas porque no vi a nadie comprar alguna. Me senté en uno de los bancos de la plaza pero el sitio quedó poco concurrido y no me quedó más alternativa que irme a comer una arepa en mi casa.
Realmente pretender reanimar estas tradiciones es arar en el mar. En la administración de Rodríguez se intentó y fue un fracaso parecido al que he narrado. Y empecemos a lucubrar ¿Porqué ocurren estas cosas? Creo que en primer lugar está la inseguridad. Estoy seguro que la mayor parte de los asistentes a la misa eran residentes del casco central. ¿Quién se va a venir de La Laguna, San Pablo o La Mantuana para dejar su automóvil en una de nuestras peligrosas callejuelas? Y ¿A qué muchachito le va a gustar una arepita dulce o un chocolate si ya está acostumbrado a unas donas o a unas grasientas papitas fritas? ¿Y patinar? Ya esto es cuestión de ases y el viejo patín winchester no existe. Fue sustituido por el patín en línea y este por las patinetas y quienes las utilizan se quedan jugando nintendo o viendo el canal Sony casi hasta media noche y no se van a levantar a las 5 de la mañana para ir a una ceremonia en la cual ya ni creen.
Mejor nos vamos olvidando de estas tradiciones. Nadie las va a poder recuperar Así como ya no se bailan los chimichimitos ni el pájaro guarandol, ni los niños cargan un cuatrico y unas maracas y los bailes de joropo casi se limitan a venerables adultos, no veremos más a una entusiasta juventud acudiendo masivamente a una misa de aguinaldo para que a su salida puedan comerse el chocolate con un tolete de queso blanco sumergido en el humeante líquido tal como lo preparaba Carmen Hortelano y luego tomar rumbo a Los Nísperos para robar el pan y la leche que Misael había colocado confianzudo en las puertas de sus clientes. En lo que a mi corresponde ¡¡¡¡No volveré!!! (y para la falta que hace mi presencia dirán alguno…)

José Hermoso Sierra
Diciembre 2010

lunes, 13 de diciembre de 2010

EL CRISTO-WOODSTOCK

Toto Aguerreverre el autor del siguiente artículo es Abogado, Licenciado en Estudios liberales. Colaborador en las columnas humorísticas de las revistas Climax, Entre Socios, y Urbe Bikini. Finalista en las cartas de amor del Concurso Montblanc. Autor del libro “Cuentos de Sobremesa”. Tiene el blog http://totoaguerreverre.blogspot.com


LOS HIPPIES EVANGÉLICOS INVADEN LA COSTA
Ya sé que prometí hablar de los pueblos malditos, pero, a veces, hay pueblos que sufren la terrible desgracia de recibir maldiciones temporales. Estos Carnavales, arribaron a San Jorge -un pueblito cerca de Caruao en la costa de Vargas- 890 evangélicos para celebrar un festival musical en el Campamento Shalom. Si a usted le molesta cuando dichos seres le tocan el timbre de la casa para hablale pendejadas, imagínese a 890 de estos individuos en frenesí bíblico, coreando las canciones de su banda favorita de rock cristiano. Horario: arrancando desde la 5am hasta que "el alma aguante".
Acostumbrada a ver los piernones de las negras de Caruao contonearse por el malecón, aquel pucho de mojigatas felices con faldas largas y cabellos trenzados resulta sencillamente deplorable. Uno en la costa quiere ver carne, no ese telero que supongo esconde piernas sin depilar llenas de várices. Coño, si andaban de hippies cantando y acampando, por lo menos empelótense así sea para ver tetas flácidas.
Ni hablar del Campamento Shalom que lucía como una postal marginal para el recuerdo: cientos de carpas hacinadas y maltrechas, cuerdas y más cuerdas con ropa guindando, ollas enormes de sancocho aguado. Talaron todo el terreno, por lo que entre las carpas sólo lograbas ver tierra desnuda y tocones de lo que alguna vez fue un bosque hermoso a orilla de carretera.
La actividad era incierta, cuando no estaba prendido el concierto cristiano a todo volumen -esa gente no sabe de contaminación sónica-, veías a aquel mujerero trabajando -cocinando, lavando ropa, limpiando muchacho- mientras los zánganos leían la Biblia y vociferaban furibundos su amor a Cristo con un altoparlante. Porque esa es la otra, en tres días de cercanía con el grupete hippie-sin-drogas-ni-alcohol-que-aman-a-cristo no hubo ni media voz femenina que se diera a conocer. Esas mártires de la vida se ponen a diario aquellas faldas largas, horrendas, y eso no les da derecho a siquiera a clamar su amor eterno a grito en cuello. Esas son cosas de macho camacho y cristiano, carajo.
La pregunta que no pude parar de hacerme fue ¿en dónde cagaba y meaba aquella muchedumbre evangélica? Porque ese intento de campamento no tenía ni medio baño de esos de cajita plástica. Por ellos asumo que fue buena idea pasar siempre con los vidrios del carro cerrados. Para evitar mentarles la madre -aunque ellos no creen en la Virgen María- y porque el olor tenía que ser putrefacto. Cuando van por la calle de apartamento en apartamento, son sólo dos y, supongo, que algún alma caritativa habrá que les preste un baño. Pero ante estos 890 culos, no hay vecino que provea.
Otro detalle sorprendente era escuchar desde la casa -porque para los baños no hubo real, pero para el sonido sí- al señor que gritaba enardecido por el micrófono. Y es que estaba muy, muy, muy bravo. Si esa gente ama tanto a Cristo y Cristo los ama a ellos y tienen bendiciones y son el pueblo elegido y los dejan cagar y mear a su antojo por todo el bosque deforestado ¿cuál será la arrechera que cargan? ¿por qué gritan como Esteban defenestrado? ¿qué clase de amor rabioso es ese? Debe ser como pasó en el Woodstock del 99 que terminaron quemando esa vaina, los hippies de ahora ya no sirven, están demasiado iracundos para seguir con la paz y el amor. No se desnudan, no tiran sin condón, no se echan palo. Ya no es lo mismo. Ni siquiera los cristianos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

JOSE RAFAEL REVENGA; QUESERO

No son muchos los próceres civiles o militares de nuestra golpeada Venezuela que han demostrado y se han comportado con honestidad sin par. Ha privado la rapacidad, el caudillismo y el no me des aunque ponme donde “haiga”. Brillan los títulos regalados por congresos genuflexos o por segundones busca fortuna para halagar a quien está, como decía un viejo político venezolano, “en las alturas del poder”
Pero no es ese el caso de José Rafael Revenga, epónimo de nuestro principal instituto educacional. Nació en El Consejo el 24 de noviembre de 1876, en el seno de una familia con buenos recursos económicos. Cumpliendo los 24 años ya está integrado a los vericuetos de las conspiraciones independentistas. Es un abogado graduado en la Universidad de Caracas y representando a nuestro país viaja a Estados Unidos de Norteamérica para lograr su reconocimiento y apoyo, labor que se ve truncada con la caída de la primera república. Durante la permanencia de El Libertador en Cartagena, en el año 1815 fue su secretario, actividad que repitió en 1818. Revenga, residenciado durante unos tres años antes de la independencia de Venezuela en Estados Unidos de Norteamérica, estudió Contabilidad y Economía política.
Sería largo enumerar las posiciones alcanzadas por este ilustre venezolano con un desempeño totalmente civilista. Funcionario diplomático, Ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores, Diputado al Congreso Nacional y Presidente del Banco Nacional. Negoció el pago de nuestras inmensas deudas contraídas en la gesta libertadora. Para darnos una idea del caos económico al cual nos llevaron las guerras de independencia, la porción venezolana en la deuda de la Gran Colombia, equivalía a cuatro años de exportaciones de nuestras exportaciones las cuales eran básicamente café y cacao, ya que la ganadería había sido devastada. Promueve el cultivo del tabaco con el apoyo de fondos públicos. Su plan es la ampliación de las fincas tabacaleras en La Grita, Barinas y Guanare, lugares donde se lograban hojas de una calidad tal que eran consideradas entre las mejores del mundo, aceptadas con beneplácito en Inglaterra, Holanda, Francia y Alemania las cuales persistieron hasta la infausta Guerra de la Federación en la cual fueron arrasadas hasta su total destrucción.. Pero sus esfuerzos son inútiles. Páez con su desmedido caudillismo y para lograr la separación –tal vez legítima o necesaria- de la Gran Colombia prefiere mantener el caos financiero para achacarlo a la mala administración grancolombiana y a las directrices de Simón Bolívar. Colombia está en bancarrota. No tiene movimiento comercial y carece de crédito al tener tres años de mora en el pago de su deuda externa. Páez prohíbe la exportación del tabaco y obliga a su remate en Venezuela. Las pérdidas para los cosecheros son inmensas ya que el precio de venta no era ni siquiera la mitad de lo que se obtendría exportándolo. Hace descontar fletes y otros gastos, concluyendo el juego con la no cancelación de unos 70.000 pesos. No conforme con esto, ordena la expulsión de Revenga de nuestro país y le acusa de conspirador cargo que podía significar hasta la pena de muerte. Revenga no soporta tal humillación y regresa a Venezuela para enfrentar los cargos, quedando liberado de los mismos.
Pero ¿Porqué Revenga el quesero? Por supuesto que el título no guarda ninguna relación con nuestros populares, comunes y siempre actualizados quesos, eufemismo con el cual se reemplaza el término de corrupción. Formando parte de la Sociedad Económica de Amigos del País, un grupo que alarmado ante tantas carencias nacionales pretende buscar soluciones. La población venezolana es ignorante y desconoce lo básico para sobrevivir. Es por ello que la poca intelectualidad que sobrevivió a la guerra de la independencia, procura enseñar los medios para lograrlo, tratando de enseñar cómo hacer tejas, sombreros, trabajos de herrería, albañilería, carpintería y allí es donde entra José Rafael Revenga. En la sesión del 5 de noviembre de 1830 hace entrega a la Sociedad de un manual titulado “El modo de hacer queso”. Con datos muy precisos sobre temperatura de la leche, obtención del cuajo, procesamiento de la cuajada, prensado, almacenamiento, protección de los insectos y salado presenta tres formas para hacer el queso. Incluyendo las variedades tales como el queso de mano, el queso holandés, el roquefort, el blando o “paisa”, la mozarella y el queso de mano, no faltando por supuesto el apetecido queso “llanero” que aún forma parte integral de nuestra gastronomía, rociado por encima de unas caraotas negras refritas o rellenando una humeante arepa. Y si es de esas arepas peladas que hacen en Cumarebo, ¡¡¡¡Mucho mejor!!!!
Revenga falleció en Caracas el 9 de marzo de 1852

José Hermoso Sierra
Noviembre 2010 Publicado en la revista (CANDELARIA TURMERO)

Bibliografía:
Diccionario de Historia Fundación Polar
“El modo de hacer queso” Guillermo Guzmán. Revista “El Desafío de la Historia” (Nº 22)
José Rafael Revenga. Carlos Goedder

Julia o el fatum de los Delgado Chalbaud

¡En qué lío me han metido mis apreciados amigos María Sigillo y Luis Barragán!. A raíz de unos comentarios sobre un libro autoría de Román Rojas, “Julia o el fatum de los Delgado Chalbaud” me dignaron obsequiándomelo pero con una ¿aviesa? condición: “que lo lea pronto para saber su crítica”. Y entonces me fajé:
La emoción inicial fue intensa. Siempre me interesó el entorno de Carlos Delgado Chalbaud. Me encanta el chisme y en esa vida hay chismes para regalar. Pero es un chisme que aún se mantiene en tinieblas. Inclusive, en una ocasión dentro del grupo “Retrospectiva de Historia de Venezuela”, alguien dijo conocer detalles pero se eximía de comentarlos por existir cierta relación con esa familia. Mi curiosidad mayor era –y lo sigue siendo-, el destino de una rama de los Delgado Chalbaud que se ha mantenido en la sombra: Su esposa Ludbow Berliand, devenida en Lucía Levine durante su permanencia en Venezuela, la cual debe haber fallecido (creo que nació en 1910) y una hija de nombre Elena quien de estar viva tendrá unos 75 años.
La obra no sé como clasificarle y realmente no tengo autoridad o conocimientos para hacerlo pero creo que pretende ubicarse como una historia novelada al unir la realidad con la capacidad imaginativa del autor. Los sucesos históricos planteados en la misma, que no son hoy harto conocidos, escasean. Algunos datos, nuevos para mí menudean aquí y allá. Por ejemplo, saber con casi absoluta seguridad quien fue la estirada dama de la alta sociedad (señalada por Laureano Vallenilla Planchart en forma muy sutil en su obra “Escrito de Memoria”, sin que en ella no de pié a los no iniciados para su identificación) que “infidelidaba” a su brillante marido, catalogado como un play boy internacional, con el nada menos que Presidente de Venezuela. Puedo sin mucho esfuerzo imaginar el chismorreo y las risitas de burla en las elitescas fiestas de –como diría Herrera Luque- los hijos del valle, cuando entraba el cornudo adinerado, con fama de play boy internacional, presunto amante de divas cinematográficas y por añadidura Marqués, llevando de brazo a su elegante y apetitosa esposa pero no su mujer, al menos en exclusividad. Pero quién sabe si el asunto no era algo realmente admirado, envidiado y admitido, al contrario de lo que hubiese ocurrido si la infiel hubiese sido una damita de la para la época naciente clase media porque el pecado del adulterio era tan grande que el Código Penal consideraba el asesinato de la mujer infiel un suceso que al juzgarlo tenía atenuantes. Pero sigo con el libro. Las pocas veces que se menciona a la esposa de Delgado Chalbaud se manifiesta con insultantes epítetos. Borracha, terca, infeliz y quien sabe cuántas cosas más. Es evidente el desprecio hacia esta mujer a la cual Rojas desprestigia sin pichirrería. Diametral es su posición hacia Román Delgado, al que casi convierte en un héroe. Le atribuye una lucha originada en sentimientos patrióticos y evidentemente tergiversa la realidad del personaje, enriquecido impunemente, sin dudas peculando en sus funciones diversas durante el gobierno de su compadre Gómez. No hay otra forma de explicar su gran caudal, que aunque hipotecó para financiar la invasión del Falke (obtuvo un préstamo de 1.500.000 dólares) y tras morir en el intento, su viuda pudo vivir con comodidades y hasta permitirse un marido del cual dudo aportase beneficio a la economía familiar. Pero la doñita como que era candela y creo que leí (en el mismo libro de Rojas Cabot) que en Nueva York le parió un hijo al edecán de Gómez. Para rematar, tras el asesinato de su hijo Carlos, se atrevió a pedir una compensación monetaria. La triste realidad del proceder de Román Delgado no fue otro más que la rabia hacia Gómez al ser desplazado cuando pretendía incluir en los negocios a un bandido como lo fue el Bolo Pacha (a quien se le ajustició al finalizar la primera guerra mundial acusado de traidor a su patria) y el saber que no tiene retorno ni al poder ni al amor de su esposa. Por ello se inmola en Cumaná. En forma más sutil el agradable chismorreo se extiende a la viuda de Román Delgado Chalbaud. Su vida da la impresión de haber sido bastante disipada. Llega hasta a admitirle a su marido que una noche, mareada tal vez por las burbujas de la embotellada Nicole-Barbe Ponsardin. Viuda de François Cliquot, se entregó sin poder evitarlo –debilidades de la carne joven y desasistida– al hijo de Victorino Márquez Bustillos, el presidente puesto por Gómez durante su mandato. Claro, ¡¡¡¡ Fue la única vez!!!! Me imagino como Nereo Pacheco, allá en la Rotunda, le estrujaría públicamente al ilustre prisionero las infidelidades de su amada esposa, detallándole los resultados obtenidos por quienes espiaban para Gómez los comportamientos de sus enemigos exiliados. Ese odio acumulado, ese desamor, ese sacarlo de los negocios fue lo que impulsó a Román Delgado Chalbaud a planificar su invasión y no un acendrado patriotismo que si lo “discurseó” fue para emocionar almas todavía puras como pudo haber sido la de Armando Zuloaga o la de su hijo Carlos.
El libro es largo y en muchos capítulos hasta tedioso. 430 páginas de menuda letra, con abundantes errores gramaticales y ortográficos ¿No es lo mismo? Dignos de un texto entintado en cualquier librería de orilla. Se observa algunos gazapos en los cuales no concuerda el tiempo de la narración con el suceso o la circunstancia; por ejemplo cuando medita en los años 50 sobre su posible viaje a París donde vive su madre “casada desde hace años con el señor Aubín, distinguido escultor francés ganador del premio de Artes en Roma en¡¡¡¡1960!!!.
Pero repito, soy nadie en literatura y casi seguro que la obra del señor Rojas Cabot, es una buena novela. Ha sido inmensamente alabada hasta por el ilustre Simón Alberto Consalvi, eminente hombre con vasta cultura y acertado criterio.

José Hermoso Sierra
Septiembre 2010

EL SALTO ANGEL



En días pasados escribí para el grupo Retrospectiva de la Historia de Venezuela (Facebook) unos comentarios sobre el aventurero Jimmy Ángel y su relación con el gran salto de agua que conocemos como “Salto Ángel”. No es mi intención repetirlo y quien estuviese interesado en leer tan apasionante historia puede ingresar a esa modalidad de comunicación y leer los detalles del mismo. Lo que pretendo en esta ocasión es hacer ver lo apresurado de algunas decisiones que el Presidente Chávez decreta, aparentemente producto de la pasión y no de la razón.
Ocurrió este domingo. Imagino que en su “Aló Presidente”: Decretó, "no más Salto Ángel, ahora será Churún Merú" alegando que era el nombre con el cual los naturales de la zona denominaban la famosa caída de agua. No creo que los conocedores del asunto se carcajeasen irrespetuosamente de tales palabras. Claro, es posible que una tímida sonrisa se produjera en sus labios. ¿Y porqué tan tímida sonrisa? Muy simple: Churun Merú no es el Salto Ángel. Pero que esto no sonroje a nuestro Presidente. Hasta Renny Ottolina se equivocó cuando dio ese nombre a su famoso programa sobre el Salto Ángel. Menos mal que su hija (la del Presidente) María Gabriela le hizo saber sobre la equivocación y se dio a conocer el verdadero nombre indígena del salto: Kerepakupai Merú. Antes de continuar mis comentarios debo aclarar a mis lectores que el Churún Merú también existe, y conocido precisamente con ese nombre. Menos mal que el Presidente fue corregido a tiempo porque nos iba a bajar del primer lugar que ocupa el Salto Ángel con una altura de 908 m. y 807 m. de caída libre, al décimo octavo que ocupa el Churún Merú con unos 400 m, de caída. Y a propósito, después del Salto Ángel, en el ranking mundial que clasifica estos saltos de agua, ostentamos el segundo, tercer, cuarto y sexto lugar con saltos todos ubicados en la región de Canaima.
Tenemos un torbellino de decretos cambia nombres con la pretensión de cambiar la historia. Uno de los más recientes fue el del gobernador de Trujillo quien cambió el nombre de la biblioteca denominada Mario Briceño Iragorry por la del Coronel de la independencia conocido como “el diablo” Briceño. El uso de las atribuciones inherentes al cargo indudablemente le permiten hacer el cambio pero los argumentos que se esgrimieron en el decreto fueron verdaderas metidas de pata. Pero cabe hacerse una pregunta: ¿Cuál decreto “cambia nombres” ha tenido éxito? La actual avenida Presidente Medina de la caòtica Caracas se le sigue conociendo como Avenida Victoria y así inclusive está escrito en la ruta de los transportes de pasajeros. Se mantiene el nombre que se le colocó en honor al triunfo de los aliados en la segunda guerra mundial. Los barrios con nombres de personajes de la denominada “cuarta república” siguen siendo para la gran masa, Raúl Leoni, Doña Menca, Alicia Pietri y como sin dudas hay barrios con el nombre de miembros de este gobierno, así se denominaran “per sécula seculorum”. Una excepción fue el cambio del nombre del “23 de enero” que antes se denominaba “2 de diciembre” pero fue un nombre que no surgió por decreto sino por la voluntad de sus habitantes. Se ha pretendido cambiar el nombre del Pico del Águila en Mérida por el elegante nombre “El Collado del Cóndor”. Me vi obligado, en mi supina ignorancia a consultar el Larrouse para saber que significaba la palabra “collado” pero los sabihondos del cambio como que si ignoran que el cóndor, aunque más famoso que el águila, es un animal que come mortecina. Es una especie de zamuro grande. El águila en contraste, caza sus piezas en elegantes y precisas maniobras además de “no cazar moscas”. El cerro del Ávila, que debe su nombre a quienes fueron los propietarios de la mayor parte de su amplia extensión se le quiere denominar Guaraira Repano pero nadie lo denomina así. Seguirá siendo el Cerro El Avila. Porque si no, al maestro Cabré, conocido como el pintor del Ávila lo vamos a denominar el pintor del Guaraira Repano e Ilan Chester se va a tener que romper el cerebro para cambiar su canción Canto al Avila por Canto al Guaraira Repano. Les copio la letra e intenten el cambio en el coro. Se orinarán de la risa:

Voy de Petare rumbo a la Pastora contemplando la montaña que decora a mi ciudad llevando matices de la buena aurorac on la fauna y con la flora de un antaño sin igual, Y sabe Dios los pintores, las paletas, cuanta pluma del poeta, cuantos ojos encontraron un momento de solaz y digo yo, vas regalándole al día, carga de buena energía, vas haciendo mas humano mi sentir y mi cantar




Coro:
Guaraira Repano . Guaraira Repano
Guaraira, Guaraira Repano ,
Guaraira, Guaraira Repano

Por último una sugerencia: Vamos a quitarle el nombre despectivo de Venezuela (algo similar a mujerzuela) impuesto por un extranjero a nuestro territorio para colocarle el nombre que nuestros indígenas dieron al territorio. Yo lo ignoro. Tal vez el pozo de cerebros del gobierno tenga la repuesta.

La difusión de la magnificencia de el Salto Angel se debe a Ruth Roberson, periodista estadounidense, considerada la primera mujer corresponsal de guerra. El 22/04/1949 lo fotografió desde tierra y en noviembre la prestigiosa National Geographic Magazine presentó el reportaje correspondiente, pudiendo así el mundo enterarse de la existencia y carácterísticas del salto. The Times y Newsweek se hicieron eco de la noticia.

PEDRO PENZINI. El patriarca del trote

El Patriarca del trote

Hoy me enteré de la muerte de Pedro Penzini. El patriarca de los trotadores. Autor del best seller “Correr es Vivir” y de la columna con el mismo nombre que por años se publicó en El Nacional. Guía de muchos, entre ellos yo, que aun cuando nunca fui un trotador, hice numerosos intentos para serlo y todas las mañanas me tomo un colorido rosario de píldoras que entre otras cosas sirven para bajar el colesterol, mejorar la memoria, reforzarme con vitaminas, evitar el riesgo de cáncer y quien sabe cuántas cosas más.. No obstante hago algunos ejercicios matutinos, entre ellos caminar. De un ex compañero de clases, más no de estudios porque nunca estudié, recibí un libro en el cual explica como emular a Matusalén, viviendo unos 300 años. Le expliqué mi “posición” corporal: algo de obesidad, azúcar ligeramente elevada pero sin superar el tope. Colesterol y trigicéridos bajos, antígeno prostático bajo, hipertensión arterial controlada con medicamentos, dieta baja en carbohidratos pero muy rica en proteína, incluyendo chinchurrias, morcillas, chorizos, salchichones y congéneres; un par de la deliciosa cuba libre el sábado y el domingo o alguna sangría industrial. Cuarenta años como fumador de cigarrillos y tras abandonar el vicio por unos 15 años, fumo pipa y alguno que otro tabaco, claro, como se hace: sin aspirar el humo aunque no dudo que igualmente invade mis pulmones. La repuesta de mi ex compañero de clases: Tendrás graves problemas dentro de dos años. Me asusté y comencé a hacer los ejercicios por el recomendados. Según él, el más importante son las sentadillas. Al principio me costaba mucho hacer una serie de tres. En dos o tres meses ya hacía cuatro series de treinta sentadillas cada una. O sea, ciento veinte sentadillas. Al final del último mes me salió otra hernia inguinal. Pero allá en Higuerote vive Beatriz. Beatriz es mi querida suegra –y lo escribo en serio: MI QUERIDA SUEGRA. Si se trata de beber, me supera con creces. Amanece festejando. Se acuesta a las cuatro de la madrugada y a las 7 está haciendo las arepas. De inmediato sale en su automóvil a comprar alguna cosa para el mondongo del mediodía. A eso de las once de la mañana me pregunta si abre el bar y nos engullimos varias frías mientras esperamos el almuerzo. Tras hacerlo, me da una gran modorra y Pa´la camita. Ella no. A conversar por allí, a subir y bajar escaleras para revisar como están las condiciones del edificio o a ver televisión. Creo que nunca en su vida hizo dieta –aunque come poco. Nunca caminó para mejorar su salud ni se metió en un gimnasio. Tampoco toma el pastillero multivitamínico-anticolesterol-mejoramemoria, etc, pero cuando a sus ya ochenta años –los cumple en diciembre- se pone el trajebaño de dos piezas y se va a la piscina, la comparo con las celulíticas bañistas que lucen muy orgullosas sus pistoleras celulíticas y sus glúteos, separados por un ínfimo cordel los cuales nada más apurar el paso tiemblan como decían los viejos igual que gelatina en parihuela y mi suegra todavía tiene jugo y ninguna celulitis.
Y por allá en el cementerio de Valencia está los restos de Otto, quien fue mi patrón y amigo durante años. Compraba un quilo de chicharrón en las chicharroneras de Tejerías y acompañándose con diez hayaquitas se lo raspaba –como él decía- en un santiamén, sentado al borde del cajón de su camioneta para luego, en menos de una hora meterse un pollo asado acompañado de una ración de yuca y 4 hayaquitas en la Encrucijada. Pesaba 160 quilos y ¿saben de que murió? Se cayó cuando tenía como setenta y cinco años y se le rompieron algunas venas internas en la cabeza lo cual le provocó la muerte.
Y allá por Los Teques está Manolo. Una pea diaria. 4 cajas de cigarrillos por día. No pelábamos el cocido gallego en la Tertulia ni tampoco las carnes de El Alazán. Y por allí anda campante. Sin un cabello en la cabeza pero sin cambiar en gran cosa los hábitos. Palo y palo
Por supuesto, no faltará quien argumente que estas personas estarían con mejor salud si hicieran lo que pregonó Penzini o lo que practica mi ex compañero de clases. Es posible. Nadie puede contradecir esta teoría. Pero me imagino que podrían llegar a unos 300 años, cuando ya yo sea fiambre, cuando sus descendientes también lo sean, cuando el mundo esté colapsando, cuando…
Yo creo que caminar es bueno pero hemos llegado a los extremos. A la compulsividad. Al vicio. Salir a trotar así este cayendo una lata de agua; así estén esperando en las esquinas los amigos de lo ajeno, así duelan las rodillas y se deformen los dedos de los pies. Si tengo dinero debe comprarse unos buenos zapatos, un short y una franela evapora-sudor; un cronómetro, un medidor de pulsaciones, un medidor de tensión arterial, una radio portátil y cargado con toda esa parafernalia ir a trotar.
Pero también creo que hay un gran negocio en esto. Vean los canales de TV, especialmente los de cable. Docenas de máquinas para supuestamente mejorar el cuerpo. En diez días usted verá los resultados. De ser un panplote gordiflon y celulítico usted se igualará al modelo de la cuña, con sus cuadritos en el abdomen, sus piernas estilizadas (hasta lo cambeto se le quitará), unos pectorales envidiables y unos formidables bíceps. Si es mujer, se pondrá más buena que comer pescao con las manos. Después se va a un negocio donde venden cosas para la salud y comprará una docena de hierbas, níquel, cromo, selenio, magnesio, hierro, vitaminas de la a a la z, ging seng y zarzaparrilla. Además todas las mañanas se tomará diez vasos de agua para que después en la oficina, de tanto ir al sanitario sus compañeros le dirán que sufre de angurria; se comprará unos discos de música espiritual, unas varitas de olores florales y comprará algunos libros de autoayuda.
¿Vivirá trescientos años? Hummmm, quien sabe. Lo único que puedo decir es que ahora voy a salir a caminar y a hacer ejercicios cuando me de la gana… (y si puedo)

José Hermoso Sierra